La evolución del golf no tiene límites y los practicantes más intrépidos lo han ido conduciendo a los escenarios más insólitos. A algunos no les basta con ponerse a prueba con mayores distancias, con tener que calcular la fuerza del viento, sortear los desniveles del terreno y evitar obstáculos naturales y artificiales. A los más osados, los bunkeres y los lagos se les han quedado pequeños y han encontrado la forma de liberar adrenalina con lo que se denomina golf extremo, una vuelta de tuerca al golf tradicional que requiere unas condiciones muy especiales y que prolifera de momento en lugares también muy específicos. Uno de ellos es el hielo, donde el green debería llamarse white. En Chile es una práctica más habitual y se celebran campeonatos a 2.700 metros de altura en plena cordillera de Los Andes, pero este tipo de golf extremo ofrece muchas posibilidades a nivel turístico y de ello se hace eco por ejemplo la revista especializada en viajes Forbes, que ofrece un listado de los campos de golf más sorprendentes del planeta.
La idea de incrementar el grado de complejidad realizando un torneo de golf sobre nieve data de 1979 en Saint Moritz, en los Alpes suizos, pero en la actualidad existe un Campeonato del Mundo de Ice Golf, que se celebra anualmente en Uummannaq, una isla al norte de Groenlandia.Se juega en un campo que cada año es distinto por efecto del calentamiento global y en una superficie helada que puede cambiar por las ventiscas incluso de un día para otro. Lógicamente, la bola no puede ser blanca y, mientras que en Chile se utiliza un color ámbar fluorescente, en este enclave a 600 kilómetros del Circulo Polar Ártico, cuyo campo entre glaciares e icebergs es de nueve hoyos, se utilizan bolas rojas. El próximo campeonato se disputará ya entre el 19 y el 24 de marzo de 2009, pero además de golfistas de todas partes del mundo, acuden al evento numerosos turistas a los que además del espectáculo se les ofrece la oportunidad de practicar también la pesca en hielo.
Del frío al calor y de la nieve a la arena, hay otros golfistas emprendedores que optan por poner a prueba su swing en el desierto. A su disposición, en una pequeña localidad del sur de Australia, está el Coober Pedy Opal Fields Golf Club, que dispone de un campo en el que no hay ni hierba, ni árboles, ni nada verde y los hoyos se reparten por una arena que debe ser engrasada para que el viento no se lo lleve todo.
Controlar los golpes sobre el resbaladizo hielo o en un bochornoso arenal es complicado, pero también lo debe ser mantener la concentración cuando mientras calculas la distancia hasta el hoyo, se cruza una jirafa o cuando antes del contacto con la bola se escucha el sonido de un elefante a escasos metros. Ese campo ubicado en pleno parque natural y en el que al compartir los límites prácticamente conviven los animales salvajes y los golfistas, se puede hallar en Suráfrica, en la ciudad de Ba-Phala-borwa, donde el Kruger National Park y el Hans Merensky Golf Course son colindantes.Las recomendaciones de Forbes pasan por Alaska y también por el Mission Hills chino, que ostenta el récord de 217 hoyos, o por el Nu-llarbor Links australiano, un campo de 18 hoyos que comprende una gran extensión de una desolada autopista. Es interesante el texano campo de Lajitas, construido hace cuatro años y que bajo el envoltorio de las tierras de los comanches, la de Pancho Villa y los buscadores de oro, ofrece cuatro hoyos en una isla creada en el Río Grande y también un par 1.
Por último, rizando el rizo, se puede practicar golf entre geiseres naturales, pues en Nueva Zelanda, en las cercanías de la Reserva Termal de Whakarewarewa se encuentra el Rotorua Golf Club en cuyo campo los obstáculos de agua burbujean y puede verse el humo que desprenden por la alta temperatura.Fuente : Amgolf.




































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