La cantidad de agua utilizada para regar los campos de golf es uno de los aspectos más criticados en el actual contexto de sequía, ya que se intuye que una pradera tan cuidada requiere un volumen elevado de agua. Sin embargo, ni todo el campo de golf es pradera, ni son iguales las praderas de todos los campos.Este prejuicio nace del desconocimiento existente de la gestión de un campo de golf. Es importante saber que cuando se riega un campo de golf no se riega de igual manera todas las superficies del mismo. Los greens, antegreens y tees suponen un 7,6% de la superficie total; las calles (fairways) el 36,2%; los roughs, o envolvente de las calles, constituyen el 25,4% y, por último, los outroughs, o envolventes de los anteriores, el 30,8%. Sumando las distintas zonas, se puede determinar que el consumo medio de agua es de 4.488 m3/Ha. Si bien son cantidades importantes, los consumos de agua de un campo de golf siempre son inferiores a lo establecido como máxima dotación bruta (9.000 m3/Ha) por el Plan Hidrológico de la Cuenca del Tajo, debido a que no se riegan todas las superficies del campo de golf.
Como en un campo de golf no se espera ninguna cosecha agrícola, el consumo de agua necesario es menor que cualquier cultivo herbáceo para consumo. Por tanto, existen 3 niveles de riego diferenciados para el mantenimiento de un campo de golf:
-El riego óptimo es el que aporta la cantidad de agua necesaria para el crecimiento más eficiente, de máxima calidad de césped y mejor aspecto general.
-El riego por déficit proporciona suficiente agua para mantener un aspecto adecuado del césped con menor crecimiento.
-El riego de supervivencia aporta el agua justa para mantener la capacidad de rebrote cuando las condiciones mejoren, lo que se consigue con el 40% de los 4.488 m3/Ha que necesitaría.
-El riego por déficit proporciona suficiente agua para mantener un aspecto adecuado del césped con menor crecimiento.
-El riego de supervivencia aporta el agua justa para mantener la capacidad de rebrote cuando las condiciones mejoren, lo que se consigue con el 40% de los 4.488 m3/Ha que necesitaría.
Si hacemos una comparativa entre los consumos totales de los principales cultivos herbáceos y el riego óptimo en un campo de golf de 18 hoyos, vemos que el volumen de agua utilizada en el riego de un campo de golf resulta el 0,07% del consumo total medio de los principales cultivos de verano en la provincia de Albacete.
Asumiendo que el consumo de recursos hídricos es un aspecto intrínseco a la construcción y mantenimiento de las instalaciones de golf, es interesante conocer que una hectárea de naranjos consume 9.000 m3/año; una de maíz, casi 7.500 y 6.500 si es de lechugas; mientras que la misma superficie dedicada al golf en el norte de España consume 2.000 m3/año; en el centro el doble y en Levante un poco más. Además, la extensión de campos de golf supone el 0,5 % de todas las hectáreas de regadío cultivadas.
Además, actualmente los campos de golf se caracterizan por la eficiencia de sus sistemas de riego, que optimizan los aportes de agua teniendo en cuenta la evapotranspiración, y el uso de aparatos medidores de humedad, como los tensiómetros, para regar sólo cuando se necesite. La eficacia de los sistemas de riego por aspersión informatizados posibilitan, además, el aporte justo de agua. Actualmente el ahorro de agua se sitúa entre el 30% y el 45% con respecto al consumo de hace 15 años.
Esto contrasta con aquellos cultivos agrícolas de regadío que son regados sin ningún control por parte de la Administración competente y cuya rentabilidad económico-social es menor que la que puede obtenerse en un campo de golf.
Los datos dan al golf como vencedor de la “La batalla del agua”. Pero sus ventajas no se quedan ahí. Restaura ecosistemas degradados, asienta la flora, es un filtro de percolación a las capas inferiores del subsuelo al reducir la erosión y disminuye el efecto invernadero. También contribuye a recargar los acuíferos, reduce los riesgos de incendios y es un vector de educación ambiental.
Un campo de golf no debe ser entendido como un elemento de impacto en el medio natural, sino debe constituir una herramienta para la conservación de los valores naturales y la promoción de los estéticos, ecológicos y paisajísticos.




































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